jueves, 26 de junio de 2014
Ha dicho Mirtha Ibañez de Intersticios (2014)
"...Los relatos son como semillas de varias especies enhebradas por la pulsión de vida que contiene cada uno de los textos. Imperdible."
jueves, 19 de junio de 2014
Micros de mi libro Intersticios (2014)
Diluvio
Los ladrones desmantelaron la casa. Se llevaron todo. Pero no pudieron con el arca de árboles y flores salvados del diluvio, que todavía cae.
El eterno regreso
Se marchará de nuevo Ulises a cumplir su destino y cada noche Penélope destejerá los hilos y hará nuevos ovillos para la trama de los días.
Jardinera
"Escribir es como cuidar un bonsái."
Alejandro Zambra
Trabaja con minuciosa dedicación. Cuida de los espacios despojados y de los intersticios tanto como de sus plantas. El jardín es pequeño pero requiere cotidianamente de su tiempo. Le gusta el silencio y la plenitud gozosa del canto de los pájaros. En sus ratos libres escribe microrrelatos.
jueves, 5 de junio de 2014
INTERSTICIOS - Junio 2014
Intersticios
Por los intersticios de la memoria, la palabra
Por los intersticios de la palabra, el silencio
Entre la palabra y el silencio un breve texto
Una grieta
Una pequeña hendidura para poder mirar
Para vislumbrar mundos posibles
Para acceder a lo que enuncia y a lo que calla
Para imaginar historias y desovillarlas…
Nélida Cañas
Regreso
Has vagado en el desierto, hijo. Pensaste
que te aguardaría la tierra prometida. Has
vuelto a la casa de la infancia. No has pensado
que el que vuelve es un hombre que ha
vagado en el desierto.
Desconcierto
Mi padre vino a decir el desamparo de
la vejez. Y yo hice lo que pude con eso. Escribí
para que otros lean mi desconcierto.
Certeza
Sólo los sueños pueden devolvernos el
sabor del instante en que fuimos felices,
pero también ellos se desvanecen con la
aurora.
martes, 20 de mayo de 2014
Dijo Amanda Merlat acerca de En la fragilidad de los días
Querida Nélida
Gracias por tan preciado regalo. Ya lo hemos conversado en otras oportunidades. No me siento capaz de hacer una devolución profesional, pero como humilde lectora debo decirte que he leído con entusiasmo En la fragilidad de los días y cada vez que lo hice -muchas- encontré en su lectura un particular encanto.
Reúne todo lo que un simple lector desea y espera: la palabra justa, belleza, gozo, entrega.
La escritora, despojándose íntimamente de las vivencias de su infancia y como en un ritual ofreciéndolas a sus lectores.
La niña interior me permitió descubrir increíblemente el lugar que habito: las acacias, los aromos, el vuelo de los pájaros, el galope del caballo, la lluvia...Todo desde una mirada distinta y creadora.
La escritora consiguió que esos lugares de infancia, objetos, personajes entrañables, como el de la abuela Leonarda, habiten para siempre mis silencios.
Me impresionó mucho encontrar lugares comunes: mi padre también pasó por el Regimiento I de Caballería Coronel Brandzen.
Cada texto leído, mil y una vez, despertó en mí nuevas emociones.
Me siento honrada de conocerte. Sin duda, como lo expresas en Hilandera, siempre fuiste una escritora.¿Y si yo también hubiese tenido que ver con esa hilandera, que en una antigua máquina de escribir imprimía palabras sin sentido, que ya querían decir algo?
Un abrazo
Amanda
Querida Amanda:
Aprecio tu delicada manera de ver y sentir. Tu delicada sensibilidad.
Hugo Mujica dice que no importa tanto lo que un escritor dice, sino lo que abre en el lector. Y en ti abrió la naturaleza pródiga de nuestra tierra y el recuerdo de tu padre asociado al mío...
¿Cómo no tendrías que ver, querida Amanda, si aquella "antigua máquina de escribir " sería una ventana abierta a la palabra impresa?
Como la Sarita del dibujo de Soldi podríamos haber sido amigas, pero nuestros mundos eran tan distintos y para mí, aunque casi teníamos la misma edad, eras: "la señorita Amanda". Luego la vida nos dio esta hermosa oportunidad de encontrarnos en las palabras. Y en las palabras toda la gama de las emociones.
Un gran abrazo y hasta el próximo encuentro.
Nélida
sábado, 17 de mayo de 2014
Sinfonía de agosto
Cuando tu voz
me llega
entre los árboles
y
agosto
es una música
de narcisos amarillos
Onírico
Cuando deslizado
del sueño
tu cuerpo
yace a mi lado
como un presagio
de primavera
en pleno invierno
Despierto
Cuando
el sol derrama
su bendición
sobre los campos
y
la página en blanco
del día
aguarda la trama
de las horas.
viernes, 16 de mayo de 2014
Mar de plastilina
Mi nieto y yo
levantamos
frágiles barcas
en un mar de plastilina
y pintamos pequeñas olas
de acuarela azul
el tiempo se deslíe
entre los dos
como un suave paisaje
detrás de la ventanilla
de un tren
un tren lento
y humeante
sin pasado ni futuro
que levanta leves colinas
en el aire
jueves, 15 de mayo de 2014
Escribir
Abrir
la libreta de notas
y dejarse decir
por el lenguaje
No hay secretos
salvo el pequeño gesto
la primera palabra
miércoles, 14 de mayo de 2014
Abandono
Tuve una muñeca
de cartón pintado
tenía ojos negros
-de puro asombro-
las mejillas
como rosas chinas
la boca pequeña
delicada
Pintado también
su cuerpo
con un trajecito
de colegiala
Pintados sus pies
con medias primorosas
y zapatitos negros
¿Qué apuro me llevó
esa tarde a olvidarla?
¿Cómo pude dejarla
yo que conocía el abandono?
Llovió
-lo he contado otras veces-
llovió toda la noche
Cuando corrí a buscarla
su cara era un riacho triste
desmadrado
La abracé
la abracé
y
se deshizo
en el abrazo
lunes, 12 de mayo de 2014
sábado, 10 de mayo de 2014
Desolación
Cuando en sueños
se vuelve
pesadilla
una sola palabra
que abre el silencio
como un carozo
que expulsa
su semilla
lunes, 7 de abril de 2014
Silencio
Ya no llueve. Pero el día aún está mojado. La calle está mojada. Y en la alcantarilla corre un riacho claro con restos de hojas y bordes de tierra oscura. Atardece. El silencio cubre los árboles y las flores caen pesadas. Los pétalos, torpes, desvaídos. A lo lejos, entre las copas de los árboles, se oye el desasosiego de los pájaros. El cielo permanece encapotado y hay un clarear entre los grises. Atardece. No hay rumor de voces. Hay un silencio que engulle los matices. Y hay un dejarse estar tras los cristales.
jueves, 3 de abril de 2014
Duras escribe
Duras escribe
no habla
delira
grita
jadea
se extravía
Vuelve a encontrarse
trémula en los márgenes
Se golpea
con la furia del mar
en los acantilados
Llora sobre una lápida gris
anónima
de un aviador caído
en plena guerra
Llora en una música
fragmentada
como un roer de rocas
por el viento
El deseo
es una boca inmensa
comiéndose las palabras
los ecos
los silencios
El lenguaje fluye
como un río
arrastrando
piedras y lodo
un río incontenible
que desemboca en el olvido
Fluye
abandonado a su suerte
como un animal de transparencias
temible y hermoso
fuera del tiempo
para siempre
Para M. D. y su inefable legado
lunes, 31 de marzo de 2014
Los niños vienen de tan lejos
Este niño
que cubres con tu abrazo
para llegar a ti
ha atravesado
escarchas
durazneros
luciérnagas
hojas doradas
chicharras
grillos
trigales
soles
páramos
nueve lunas
íntimos mares
resacas
marejadas
pleamares
plenilunios
madrigales
madreselvas
madreperlas
madréporas
madre-niña
-hija mía-
madre-suya
no dejes de abrazarlo
sábado, 29 de marzo de 2014
Mirando a Vincent
Hoy que me siento triste
miro a Vincent entre los ramajes
y tengo una pena larga
como una bufanda de invierno:
una bufanda gris
casi azulada
como los troncos de sus árboles
Entre los grises de las chimeneas
y los pasteles del cielo
veo también
hoy que estoy triste
una luna porfiada
en un alunizaje
de claridades
Mantra
A veces repito tu nombre, padre,
como si fuera un mantra
y lo veo escrito
sobre un papel cualquiera
como vos lo escribías
con la A como una pirámide
buscando altura
entre el cielo y la tierra
y la C que abre tu apellido
como un cuenco
recibiendo
la semilla de mi corazón
jueves, 27 de marzo de 2014
El color amarillo
Desde la ventana de mi cuarto puedo ver sobre la vereda cientos de hojas amarillas. Han comenzado los días del otoño y no me di cuenta de que las hojas se habían ido tiñendo de amarillo. Ahora miro los árboles y veo que el color comienza por lo alto de la copa; en la parte inferior hay todavía hojas verdes. La brisa también ha cambiado. Se ha tornado más fría y trae en sus partículas una humedad de llovizna. El cambio se ha producido de una manera imperceptible y todo ha ido mudando en la calle que miro. Las personas tienen otro ritmo. Sus ropas otros tonos. Los pájaros no tienen la algarabía del verano y el crepúsculo acontece más temprano. Hay una mudanza lenta y acompasada en todo lo que miro. Mi corazón se pinta de amarillo en la tarde que huye.
domingo, 23 de marzo de 2014
Acerca de En la fragilidad de los días (Apóstrofe ediciones, 2013)
Ha dicho la escritora Mónica Undiano:
¡Acabo de leer En la fragilidad de los días...me encantó!
La primera parte me pareció conmovedoramente aleteante, entendeme, instantes hechos de tal sutileza que parece que flotaran y pasaran en vuelo delante de mis ojos. Recuerdos unidos por una voz, una palabra, un lenguaje hasta corporal diría, que configuran un hilo conductor signado no te diría que por la nostalgia, sino por el hambre latente de una niña que nunca supo que era niña. La segunda parte se dispara un poco de esta unidad poderosa, pero se construye en sí misma resultando muy interesante. Y me parece que la última parte retoma tangencialmente la primera, lo cual le da un remate circular y cuidado. Todo el libro me parece muy cuidado, muy precioso.
lunes, 17 de marzo de 2014
Agradecida
este día podría haber sido
un día igual a otros
sin embargo
una mariposa vuela
como desorientada entre el follaje
y alguien capta su vuelo
una música sensible
y en extremo delicada la acompaña
con amorosas circunvalaciones
una amiga traduce un poema
acerca del poema
otra, camina las calles de Maimara
-la estrella que cae-
y nos deja el regalo
de un poema inolvidable
unas manos anidan
en el cuenco pequeño
de un nido de ramitas
y una danza ancestral
fulgura en el paisaje
mi alma confortada
agradecida
se deja estar
en un columpio de madreselvas
y en el vaivén
recuerda el poema de Oliverio
aquel que dice:
Oliverio Girondo agradecido
¿recuerdan?
sábado, 1 de marzo de 2014
Narrarse en los márgenes
Imaginar a mi madre leyendo mi libro de reminiscencias, En la fragilidad de los días, como un relato ajeno que también le es propio.Las historias de una madre y su hija se entrecruzan como la trama de un tejido en el telar de un tiempo a veces compartido y a veces distante. Intenso, siempre. Más allá de los grises y los blancos. De las sombras y las transparencias. De las ternuras y los sinsabores. Es posible que mi madre corrija en los márgenes mi propia historia para narrar la suya.
miércoles, 26 de febrero de 2014
Poemas reunidos en la noche
*
en el terciopelo de la noche
la oscuridad
de la noche
a veces un desgarramiento
como si una seda preciosa
se rompiera
a veces una oscura lamentación
un dolor que no puede
articularse
sólo el desgarro
y
la sangre preciosa
que se pierde
*
Invierno
en la alta noche
sólo quiero abrazar
a mi perra
-su cuerpo tibio
su suave olor animal-
lejos de los subterfugios
del lenguaje
de sus bastones de hierro
lejos de la ebriedad
de los sentidos
de sus vidrios oscuros
sólo
la quietud de la noche
el cuerpo tibio
de mi perra
su perfume
la profunda entrega al sueño
despojada
lejos
tan lejos
de este mundo demencial
a mi perra Frida
27 de agosto de 2008
*
Camille
insomne
elige
el mármol más puro
le sangran las manos
el frío
le agrieta los labios
no obedece
al dolor
ni al frío de la nieve
Camille talla
la piedra oscura
de su desdicha
alucinada
llega al corazón de la piedra
y la piedra
dice
sábado, 22 de febrero de 2014
NARRARSE A SÍ MISMA
En la fragilidad de los días, Nélida Cañas
Apóstrofe Ediciones, 2013, 74 páginas
Verónica del Carmen Gutiérrez*
Lo que quiero contar es tan delicado como la propia vida
Clarice Lispector
En la fragilidad de los días, de Nélida Cañas, reúne una serie de prosas poéticas configuradas a partir de una voz narradora que recuerda fragmentos de la infancia para encontrar ahí los pliegues del deseo de la escritura. Es el tono confesional el que gana la narración, el que urde los fragmentos de la memoria y los deseos, los rincones de la infancia y las antiquísimas palabras de las que se nutre la escritura presente.
En estos textos, la infancia queda anclada a un lugar, la llanura, al sur de la provincia de Córdoba. El cielo de la infancia, “lugar donde el horizonte siempre está más lejos”, coincide con el cielo inagotable de la llanura, con las primeras palabras y las primeras letras, las primeras formas de acercarse al mundo, de revelarlo. El libro, claramente autobiográfico, es también una reflexión sobre el trabajo de la escritura, que no consiste en otra cosa aquí que en sacar las cosas de su mutismo. Nélida Cañas logra mantener en él un equilibrio entre los pasajes marcadamente líricos y aquellos en los que se produce una distancia y se piensa el trabajo con la palabra y el acto creador.
La llanura es la casa de la abuela Leonarda, las acacias y tamarindos, el olor a la tierra mojada, el sonido de las gotas de lluvia sobre los techos de zinc, el viento, el tren, el hielo de la escarcha pero es también el sitio de la dimensión del fantasma, el espejo en el que el yo se mira y encuentra a la otra, a la niña que caminó entre esas acacias y tamarindos, que vio el tren y el hielo de la escarcha, y en ese reflejo quien cuenta encuentra las cifras y los gestos que anuncian una vida: la de la escritora, la de aquella que busca penetrar en lo incierto y salirse de sí para mirar el mundo con el asombro de una niña. Ahí, en ese reducto fantasmático de la llanura, que ahora la literatura recupera, se fraguó un destino. Junto con la naturaleza y los instantes recordados están las primeras lecturas, algún libro cuya historia se ha olvidado, las novelas de Corín Tellado, la revista Idilio, y el amor por la escritura de un padre casi analfabeto. “Ahí, siendo una niña hecha de asombro y de quietud, nació mi escucha apasionada y el deseo de escribir. El mismo deseo que me sustenta todavía.” La llanura es, por ello, en el texto de la escritora cordobesa, un espacio geográfico y un espacio íntimo, interior y propio, y lo es indistintamente; se confunden los planos hasta volverse uno en el texto literario.
Los espacios y los actos cotidianos se cargan del encanto que les da la memoria (tender la ropa al sol, jugar en el patio a la equilibrista) y recuerdan a esas geografías fulgurantes de la infancia de las prosas-poemas de Marosa Di Giorgio, por ejemplo, palabras dictadas al oído por una voz/niña, narradora sujetada para siempre al espacio fantasmal de la infancia y de los seres mágicos que la pueblan.
Si el texto exhibe un tono confesional, ¿ante quién dice?, ¿ante quién recuerda?, ¿quién es ese otro de la comunicación, el destinatario confidente de esa comunicación íntima? La narradora habla también con la niña que fue, desdoblándose en la letanía con la que se inicia el libro: “Pequeña niña nocturna/Salvaje. Íntima niña. /Animal voraz, desgarradura/Niña pequeña nocturna. Sola. Perdida niña mía/ Espejo. Danza. Gozo del fuego/ Pequeña niña nocturna. Tan mía. Tan de mí. Tan insaciable.” El sujeto autorreferencial habla consigo generando una textualidad (artificialmente) dialógica. Contarle a la “Pequeña niña nocturna/Salvaje. Íntima niña” es narrarse a sí misma la historia familiar, la vida en la llanura que apenas vuelve, escribir sobre lo que la frágil memoria sostiene, desdoblarse en personaje/narradora/niña para entender y entenderse al mismo tiempo, comprender de algún modo el universo vivido y la alquimia de sensaciones que originó la escritura. La escritura aparece, entonces, como una prolongación de los años infantiles.
“Una niña pequeña vive conmigo desde que nací. En hora extraña se abraza a mis rodillas, me mira con ojos desprevenidos y quiere que le cante su canción
[…] Así vivimos, acomodadas la una a la otra. A veces cómplices. Adversarias, otras. Condenadas a soportarnos en la fragilidad de los días.”
Junto con esa niña que es ella misma pero que, a la vez, está perdida, la voz narradora recorre los días de los que la memoria apenas puede recuperar retazos, instantes, como señala el epígrafe de Marguerite Duras que abre el libro y condensa el sentido que guía la operación narrativa de Nélida Cañas:
“la memoria siempre es rama, nunca árbol, así es este momento, son ramas, momentos en que mi mente viaja de lugar en lugar, de rostro en rostro, de aroma en aroma, del día a la noche y de vuelta al día.”
EVOCACIONES :
“EN LA
FRAGILIDAD DE LOS DÍAS”
- NÉLIDA CAÑAS -
(Apóstrofe Ediciones – Noviembre, 2013)
En
el bello libro que hoy nos convoca, la escritora cabralense Nélida Cañas nos deleita, una vez más, con su
prosa poética y su narrativa breve.
“En la fragilidad de los días” podría
considerarse una autobiografía contada
desde las sensaciones y emociones vivenciadas por la poeta-niña en la “casa natal”
que albergó su infancia, al sur de la provincia de Córdoba donde pudo
“experimentar todos los juegos de la
imaginación. […] La llanura preparó
mi espíritu en la contemplación”.
Los relatos están hechos de instantes, de
fragmentos de la infancia que no son cronológicos. Como no lo es _ al decir del
poeta Hugo Mujica_ “el afecto, la
memoria, las pasiones. La vida está hecha de momentos, intensidades, son las
cosas que no pasan, que conviven con los presentes, que saltan a un pasado,
resignificándolo […] El tiempo es más
vital que la cronología…”
La narradora se pregunta, “¿Preparaba entonces, sin saberlo, mi cuerpo
y mi espíritu para la escritura? “ La respuesta se abre al “cielo de la llanura, […] donde se conjugan
todas las formas y todos los colores, donde el infinito pesa hasta hacernos
sentir la verdadera dimensión de lo humano: su fragilidad”. Donde, al
rememorar, la mujer y la niña se abrazan en una simbiosis creadora. “Así vivimos, acomodadas la una a la otra.”
Lo vívido de las remembranzas, la “naturaleza pródiga: garzas, gorriones,
tordos , caranchos, lechuzas, palomas, calandrias… sauces, fresnos, eucaliptus,
tamarindos, […] los campos de trigo, los alfalfares,
los atardeceres, las tormentas, las gredosas manos
de los labriegos” abren en el lector sentimientos de comunión e identificación. Especialmente quienes han
habitado estas tierras y se ven representados en los seres que “secretamente aguardaban para ser contados.
[…] Mi padre estaba hecho de viento y
lejanía. […] A menudo puedo ver su
orgullosa y solitaria figura en la enorme extensión de la llanura quitando una
a una las malezas de aquellos surcos infinitos.[…] La abuela Leonarda… se mece
en el aire claro de la mañana… Entre las acacias y los paraísos de la casa de
la infancia todavía escucho su respiración, como un rumor suave y dorado de una
abeja en el fuego de la siesta.”
Borges sostiene en uno de sus cuentos que “el destino de cualquier hombre consta en
realidad de un sólo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre
quién es”. Nélida confiesa: “Siempre supe de una manera misteriosa que la infancia, mi infancia en la plenitud de
la llanura había configurado mi ser y mi estar en el mundo. Y por lo tanto mi
escritura, que es mi natural forma de estar en el mundo […] Siempre fui
escritora. Aún antes de saber escribir “
“La
trama del mundo que nos rodea / es un texto para ser leído”, reza
el epílogo de “Lecturas de infancia”, _
última parte de las tres que integran la obra_. Un relato fascinante del encuentro de la niña
con la lectura. “En la casa de la llanura
no había libros […] Cuando mi madre se casó con mi padre, llevó
a la casa de la llanura dos libros. Quizá
su anhelo me acercó a la palabra. A la posibilidad de nombrar, de arrancar del mutismo el nombre de las
cosas.”
Si el vacío alimenta el deseo y el silencio
la palabra, de ambos se nutrió la niña en la soledad de la llanura
para poder expresarse como una “pequeña
trapecista en el vacío, que amaba el equilibrio y el silencio”. Nélida nos habla desde el “sigilo”, el “silencio”, el “secreto” del que nace toda escritura. Desde una realidad irreductible, más allá de esa
“tierra inagotable” de la llanura con
sus patios, sus techos y sus cielos. Nace de lo inaprehensible del amor, del
dolor y de la felicidad de una infancia eternizada
en la fragilidad de los días.
Ana
María Martinengo
sábado, 15 de febrero de 2014
Todo viene de muy lejos y va más lejos que nosotros
Querida amiga, acabo de leer tu último libro En la fragilidad de los días que me hizo llegar nuestra entrañable amiga Ana María y realmente me pareció maravilloso, ponerle poesía a la cotidianeidad no es fácil, quizá por ser cosas que tenemos tan incorporadas que no valoramos lo suficiente.
El paisaje pampeano con su horizontalidad, puede resultar monótono para los viajeros, pero para sus habitantes está lleno de vida, secretos, olores, sabores y detalles maravillosamente descriptos en tu obra.
El rumor de lo que nace me hizo reflexionar mucho sobre la creación y la obra de arte, creo que lo que siente el escritor ante la hoja en blanco es lo mismo que siente el pintor ente el lienzo o el escultor ante un bloque de piedra, en todos late el deseo de ser “mas allá de sus propios límites” lo fantástico es que vos hayas podido ponerlo en palabras.
Esto me hizo volver a una obra de Marguerite Yourcenar Con los ojos abiertos donde dice: Tengo la impresión de ser un instrumento a través del cual han pasado corrientes, vibraciones. Esto vale para todos mis libros, y aún diría para toda mi vida. Quizá para cualquier vida, y los mejores entre nosotros, quizá son también solo cristales conductores…. A propósito de mis amigos me repito con frecuencia la admirable frase que, según me dijeron, es de Saint Martin, “el filósofo desconocido” del siglo XVIII…jamás verifique la cita: “Hay seres a través de los cuales Dios me ha amado”. Todo viene de más lejos y va más lejos que nosotros. Dicho de otro modo, todo nos rebasa, y uno se siente humilde y maravillado de haber sido así rebasado y atravesado…
Finalmente te agradezco una vez más que me hayas ayudado a recuperar esa niña-adolescente que creí haber dejado en el pueblo para siempre, al leer tu libro se hizo presente y volvió a mi con toda su fuerza, haciéndome saber que nunca se separó sino que me constituye, lo mismo que me constituyen los momentos compartidos con otras niñas de la llanura.
Con inmenso cariño y un montón de recuerdos te abraza.
Susana.
martes, 14 de enero de 2014
Sobre "En la fragilidad de los días" - Antonio Gutiérrez
LA INFANCIA EN LA LLANURA: "EN LA FRAGILIDAD
DE LOS DÍAS", DE NÉLIDA CAÑAS (Apóstrofe Ediciones, Jujuy, 2013)
Por Antonio Gutiérrez
El libro “En la fragilidad de los días”, texto de narrativa breve y prosa
poética recientemente editado, de la escritora Nélida Cañas, rememora, a la
manera proustiana, los años de la infancia en un pequeño pueblo del sur de la
provincia de Córdoba donde la extensión de la llanura se parece al tiempo. A
sus páginas asisten, como convocadas para un extraño cónclave, las imágenes del
pasado, los sabores, los sonidos de la lluvia, la fragancia de las plantas, los
objetos amados, los rostros familiares, los acontecimientos cotidianos que
quedan inscriptos en los recodos del alma e insisten en retornar al presente.
Es que la reminiscencia (a diferencia del recuerdo) no sólo es memoria sino
fundamentalmente convocatoria, comunión, lugar de reencuentro, calidoscopio
donde se reúnen de repente las imágenes y fantasmas de la infancia perdida y
ahora recuperada, como en Proust, en “El camino de Swann”, cuando el sabor de
una magdalena a la hora del té, desencadena en Marcel, personaje de la novela,
las vivencias de su infancia en Combray.
Las bellas páginas de “En la fragilidad de los días” son fruto de la
reminiscencia y producen a la vez un efecto de reminiscencia en los lectores,
principalmente en quienes hemos vivido la infancia y la juventud en esos
pueblos de la llanura donde el campo no deja de convocar las metáforas
marítimas, una oceanidad de tierra poblada de extraños navíos bogando en la
inmensidad de las aguas: los paraísos, el viento Sur, la lluvia en los techos
de zinc, la escarcha de los inviernos, los gorriones, las formas cambiantes en
el cielo de la pampa, el ruido de los motores en la ruta, el paso del tren, el
aroma de la alfalfa, la alegría de la llegada de los circos con sus payasos y
equilibristas, el secreto de la existencia en los guadales del tiempo.
En el libro de Nélida está dicho lo indecible, lo innombrable de la llanura,
aquello que el lenguaje corriente no puede expresar, es decir, aquello que sólo
la palabra poética puede aprehender. En sus páginas la brevedad, lejos de
constituir una síntesis histórica o una simple economía de lenguaje, descorre
el horizonte de un vastísimo mundo poblado por los habitantes de la niñez que
se resisten a la desaparición definitiva y que acuden en peregrinaje desde el
pasado a la honda celebración en el texto: el sabor del dulce de batata o
membrillo con queso, el padre trayendo duraznos, el fuego de la siesta, el
silbo de los pájaros, el olor del alcohol alcanforado, el recuerdo de la
abuela, la ropa tendida, los retratos familiares.
Y no es que esos habitantes de los años regresen escritos en la creación
literaria, sino que están allí directamente recuperados, traídos al presente en
su condición más real, en su materialidad más exacta. De este modo vuelve a
caer la lluvia en los techos de zinc, el padre regresa nuevamente con frutas a
la casa de la infancia, las acacias continúan floreciendo en el patio de la
casa de la abuela Leonarda, el aroma de la alfalfa vuelve a inundar los
sentidos, el circo con su equilibrista retorna después de muchos años al pueblo.
Regresan más reales que nunca, pero resignificados, vistos en su más cabal
dimensión. “No hay otros paraísos que los paraísos perdidos”, dice Jorge Luis
Borges en el prólogo de uno de sus libros.
En la casa de la infancia en la llanura, dice la narradora, no había libros,
“había garzas, gorriones, tordos, caranchos lechuzas, palomas, calandrias (…),
había campos de trigo, campos de alfalfa, de lino, de maíz, de sorgo, de
girasoles”, seres que aguardaban ser contados, que reclamaban decirse. Nélida tomó
entonces las bellas lapiceras de su padre, que “apenas sabía escribir”, y
cumplió con el deseo paterno, postergado por los deberes de una vida de trabajo
en la llanura. La naturaleza tomó la mano de Nélida para poder escribirse.
En el relato “En la fragilidad de los días” que da el nombre al libro de
Nélida, la infancia perdida (y recuperada), asume la ingeniosa forma de un
diálogo de la narradora con una niña pequeña que en definitiva es ella misma,
una pequeña niña en la fragilidad de sus días y sus noches, que se abraza a sus
rodillas y le pide que le cante su canción preferida, una indefensa niñita que
busca protección y que quizá no sabe que a quien abraza no es a otra que a la
mujer, a la escritora, que será en el porvenir. Pasado y presente se encuentran
en una temporalidad que se sitúa más allá del tiempo cronológico y que nos
evoca aquel cuento de Borges “El otro”, donde un señor mayor (el mismo Borges
devenido en personaje del cuento) se encuentra en un banco de una plaza en
Ginebra con el muchacho adolescente que fue en el pasado, cuando residía a sus
17 años en esa ciudad europea. Los dos entablan entonces una conversación: el
joven le pregunta a Borges cómo será su vida en el futuro y Borges mayor,
rememora así su pasado y le cuenta al joven las cosas que le deparará la
existencia.
Es aquí donde el relato de Nélida, más allá de los recuerdos infantiles, toca
un punto de real que atañe al fantasma de todos, un punto de identificación que
nos confronta con nuestra propia infancia y nos hace ser partícipes de su
literatura.
Es que “En la fragilidad de los días” ya es un libro de todos.
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